Problemas del primer mundo: cactus vs. ficus lyrata

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En decoración, como en la moda, la cosa no deja de ir de tendencias. Y la cosa va, concretamente, de plantas. Empecé a olerme lo del Ficus Lyrata divagando por blogs estupendos como el de The Socialité Family, donde se muestran las preciosérrimas casas de familias diversas –sobre todo parisinas- y que me crea una envidia superdotada. Y lo corroboré cuando Mer de Galletas de Ante –una de mis musas trendsetter- se hizo con uno.  

Ficus Lyrata. De nombre tan aristocrático como su porte, siempre me ha llamado la atención como ese tronco tan esbelto es capaz de soportar sus grandiosas hojas, como enormes abanicos. Es elegante y sofisticado sin pretensiones. Igual que las estancias donde me lo he encontrado. Señorial, como diría la otra M cuando me quiere tomar el pelo.


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Pero ojo, que al señor ficus le ha salido un duro competidor: los terrenales cactus. Mucho más canalla, una especie de cowboy urbano, que combina tan bien con muebles de estilo industrial y con esa Eames lounge chair que tanto me gusta. Cuántos habremos visto en casa de nuestras abuelas, cuántas veces habremos preferido las orquídeas –mucho más finas, dónde vas a parar- en vez de los malogrados cactus. Ellos, que encima viven casi de la nada. De formas recias y torpes, carentes de lógica, y esa extraña mezcla de tosquedad con  delicadeza cuando en primavera asoman las flores.

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Personalmente, me encantan ambos, aunque dadas mis habilidades de jardinería, mejor me quedo con los que se cuidan solos...

Miedo a la página en blanco

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Creo que fue entre octubre y noviembre cuando decidí empezar un blog. Abrí una cuenta en blogger, vi un par de vídeos de háztelo tú mismo y me peleé con el servidor hasta darle una forma que más o menos me agradara.

Llegó después el momento de escribir. De mis días, de lo que me entretiene, de lo que vendrá o me gustaría que viniera... Han pasado tres meses desde entonces y no he visto el momento de empezar. Quizá porque el hecho de comenzar un blog conlleva el compromiso de continuarlo, quizá porque no tengo claro si hay mucho más que decir de lo que ya se dice ahí fuera. Sea lo que sea, aquí estoy por fin. Veamos si llego al año. Allá vamos.