Muchos tequieros


Apenas me entero nunca del momento extra-de-azúcar sanvalentinero. No me gustan las fechas en las que todo el mundo tiene que regalar como norma general, a excepción claro está de los cumpleaños. Pero bueno en realidad, ese día no deja de ser el día de uno sólo –a no ser que tengas la mala suerte de conocer a alguien que cumpla años el mismo día que tú. Un verdadero bajón-.

El caso es que, aunque el mejor tequiero es el que se dice de verdad todos los días, hay otros mucho más banales que tampoco están mal. No estoy hablando de postales con corazones, pero casi.


Shanna Murray es una ilustradora que, como muchos otros en su gremio, ha sabido sacarle rédito a sus trabajos a través de la moda de los vinilos. Ojo, que hay vinilos y vinilos, pero los de esta artista neoyorquina, en blanco o negro, me parecen preciosos en toda su simplicidad.

Un frase que no repetimos tanto como deberíamos, un deseo para nuestros pequeños, una palmadita en la espalda a nosotros mismos… Me los imagino en la habitación de un recién nacido todavía sin terminar de amueblar, junto a la cuna, llenando toda la estancia.

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Mi favorito

Les Volières


No sé muy bien a qué se debe pero desde hace un tiempo tengo bastante obsesión por los pájaros. Láminas antiguas de pájaros, bisutería de pájaros, ropa de cama estampada con pájaros y, sobre todo, lámpara de pájaros.

O más bien, LA lámpara, “la pajarera”, como ha sido bautizada. Un precioso diseño del francés Mathieu Challières por el que muero de amor. De vez en cuando entro en Amazon, donde todavía está disponible, y pienso que está esperando por mí. Y ya la veo colgada en el salón, rotunda de formas, pero en verdad ligera y delicada.



Precisamente leyendo ayer Yodona encontré el argumento perfecto para convencer a la otra M de que la necesitamos. Un reportaje sobre la preciosa casa de Cristina Giménez, directora de Ivorypress, en el que explicaba cómo el hecho de cambiar de ciudad muchas veces implicaba poder guardar pocas cosas. Identificación 100%.

Aún así, ella decía necesitar llevarse consigo algunas piezas clave -en su caso sobre todo arte y muebles de diseño- porque éstas dicen cosas de nosotros, de lo que hemos vivido y con quien y, por supuesto, ayudan a darle el nombre de “hogar” al nuevo destino. Bienvenue, ma belle volière!

El maquillaje envejece


Así que dejémonos de bases, prebases, polvos y demás. Me lo dijo en 2009 una maquilladora con la que trabajé haciendo unos cuantos catálogos. “Con maquillaje me veo mayor”, me respondió al preguntarle porqué se limitaba a una máscara de pestañas y un labial rojo coral. Para mi fue casi como descubrir que era adoptada. Yo, que hasta había hecho cursos sobre cómo, en qué orden y con que brocha había que aplicar tanto potingue…

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Pero ojo, que esto no significa dejarse hasta que nos crezcan pelos en las axilas. Qué va, qué va. Simplemente se trata de poner el foco de atención en otro lado, en la piel. Y hacer caso a todos esos consejos manidos pero que son los que de verdad funcionan de hidratarla bien, desmaquillar por la noche, no exponer al sol y un montón de etcéteras que ya conocemos y que no siempre cumplimos.

Y si no, que se lo digan a Isabel Marant, Charlotte Gainsbourg o Caroline de Maigret. Me encanta su pretendido effortless chic. Vale, probablemente ellas llevan unos cuantos buenos chutes de vitaminas y algún que otro tratamiento de la pera pero, ¿acaso no da ese aspecto un poco messy más aire de juventud que las tres capas de maquillaje, el efecto mapache por exceso de iluminador o, peor, de muñeca pepona por pasarnos con el Melba de MAC?

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Al mal tiempo, Hello Weather

Creo que fue en Londres, con sus cambios de estación en un mismo día, cuando se me despertó esa necesidad “vital” de conocer qué tiempo iba a hacer a todas horas. Y digamos que mudarme a Bruselas no hizo precisamente que esa afición/obsesión desapareciera.

Pero, asumámoslo, comenzar un lunes mirando el tiempo y ver que diluvia o que las nubes grises casi negras están a punto de aplastarte no mola nada. Más bien,  es posible que acabe amargándote un poquito más el comienzo de semana...

Ni siquiera recuerdo muy bien cómo llegué a Hello Weather. Solo que estaba en plena ola de calor en Madrid, sobreviviendo con una prominente tripa de embarazada y rodeada de presupuestos de mudanzas.



Fue entonces cuando descubrí esta página web creada por dos diseñadores suizos, Kurt Riedi y Steffi Gloor que, allá por 2008, cuando estudiaban en la universidad de Basilea, decidieron mostrar los pronósticos del tiempo de otra manera. De una forma sencilla y relajada pero mucho más artística.

Y así, con un proyecto súper craft y un amigo que les ayudó en la programación, crearon la web que se ha convertido en mi página de inicio y me da siempre los buenos días.

Y sí, siempre son buenos. Me encantan sus imágenes creadas a través de cartulinas y luces y sombras, un tanto cándidas y, sobre todo, llenas de ingenio. Da igual si hay un temporal en todo el país o si no puedes salir a la calle por la nieve, verlo a través de los ojos de Hello Weather me hace ver esos días menos malos. Por cierto, hoy hay un sol espléndido.