Cosas que adoro de Bruselas (I). La cultura de las flores

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A una cena, como agradecimiento a un favor, porque mi amiga tiene un mal día, porque simplemente nos enamoramos de ellas y queremos compartirlas. Una de las cosas que más me gusta de esta ciudad y que espero llevarme conmigo es el apego a las flores.

Si los ingleses son conocidos por su afición a la jardinería, los Países Bajos no se quedan atrás en cuanto a arreglos florales. Cierto es que el precio de las flores en Bélgica y en Holanda es mucho más bajo que en España, pero desde luego a mí me encanta su forma de solucionarlo todo con un joli bouquet y cómo en las casas siempre hay unas flores recién cortadas alegrando tanto día gris.

Me gusta que las flores hayan perdido esa calidad de extraordinario. Aquí nadie te pregunta que qué celebras si te encuentra volviendo a casa con un ramo, ni ningún amigo se sorprenderá si le regalas unas flores para agradecerle que cuidara a tu perro un par de días. Se trata, simplemente, de regalar la vista. O, mejor dicho, una buena vista.

Tampoco hay necesidad de escoger ninguna variedad exótica ni una creación súper elaborada. De hecho, creo que al final los ramos con menos pretensiones y más improvisados comprados los miércoles a última hora en el mercado de la place du Chatelain son los que más disfruto. Unos tallos de eucalipto o mimosa, jacintos, tulipanes o peonías -todos blancos- colocados a su libre albedrío en un sencillo jarrón de cristal transparente.

Me da mucha envidia ver como con dos sencillos esquejes de cualquier flor en un tarro de cristal de conserva son capaces de crear preciosos arreglos para presidir la mesa del comedor. Yo, con el poco arte que tengo con las plantas, reconozco que he tenido que practicar bastante para conseguir unos conjuntos decentes. Pero poco a poco voy quedando más satisfecha con el resultado y he comprobado que, como en la moda, el “menos es más” es también la clave para no fallar con las flores.

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Floristería de estilo art noveau (Paul Hankar, 1896) en 13 rue Royale. via pinterest



2 comentarios:

  1. No hay cosa que más me guste, y viendo esas peonías a punto de reventar...¡qué preciosidad!
    Ojalá fuese igual en España...

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  2. Las flores son siempre una buena terapia, ya sea para celebrar como para arreglar un mal día. O porque sí. Es cierto que en España las flores son más caras, aquí por unos pocos euros te haces con un ramillete la mar de apañado... Pero sí, esto lo tenemos que importar! gracias por tu comentario!

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