Conclusiones sobre Nueva York

Hace más de un mes que no pasaba por aquí. Pero es que el papel de madre, trabajadora y estudiante todo a tiempo completo se me ha hecho un poco bola en las últimas semanas y he necesitado de un viaje a Nueva York para volver a encontrarnos. No era la primera vez que iba a la Gran Manzana (no me gusta nada ese nombre pero no encuentro un sinónimo mejor), por lo que esta vez dejamos de lado los clásicos. Además, no hay nada mejor como tener amigos allí para que la experiencia de insider sea completa (Gracias, Javi). No os voy a recomendar muchos sitios porque para eso hay otros blogs que saben mucho más que yo, ¿verdad querida Chefi?, pero aquí van algunos pensamientos y descubrimientos:

-Williamsburg es mainstream. Me recuerda mucho a la evolución que sufrió hace ya unos años la zona de Shoreditch, en Londres, que de ser un barrio auténtico, de gran diversidad cultural y de estilos que se mezclaban de forma absolutamente natural, pasó a convertirse en un teatrillo de moderneo y looks hiperestudiados. El nuevo reducto hipster (o como los llamen ahora) es Bushwick, al noreste de Brooklyn, una amalgama todavía libre y desordenada de naves industriales, locales clandestinos, galerías y lofts “permitibles” de increíbles ventanales. Allí acabé, por casualidad, en The Johnson’s, en un cumpleaños lleno de gente arty donde, entre otros, conocí a una chica que restauraba obras de arte contemporáneo en las que el hijo del dueño había pintado encima o derramado su yogur, o en las que alguien había vomitado durante una fiesta (ejemplos reales).

imagen via pinterest

-Las Birkenstock quedaron atrás. Y es que, señoras, lo que de verdad, de verdad, triunfa entre las creadoras de tendencias (que no fashionistas) es la avarca menorquina de toda la vida. Y cuanto más rústica, mejor: la de suela de rueda y doble costura. Las encontré en las tiendas más cool de la ciudad, como Beautiful Dreamers, y se las vi puestas a chicas con looks verdaderamente dignos de The SartorialistAquí se pueden comprar.

-Hacer cola es muy anglosajón. Pero si se trata de hacerla por una buena causa, la cola se convierte además en parte del plan. Es el caso de Shakespeare in the Park, obras de teatro del británico que cada verano desde hace 75 años interpretan importantes compañías del país en mitad de Central Park y cuyas entradas son totalmente gratis (a no ser que quieras ser sponsor y, en ese caso, te venden una por un módico precio de 300 $, no hay término medio). El “único” requisito es hacer una cola el día de la representación a las 12h00, momento en que se reparten. Mi amigo nos habló de colas de horas, de gente acampada, etc… ¡Pero lo conseguimos! La clave: escoger un día raro, de estos que parece que llueve pero no, y entre semana. Estuvimos apenas una hora que invertimos en disfrutar de ese precioso pulmón y en intercambiar opiniones con los de nuestro alrededor. Ni tan mal, ¿no? (Por cierto, solo dan dos entradas por persona y no se puede guardar el sitio).

-Ya se sabe lo que pasa en los días lluviosos de turismo, que hay que cambiar el plan a última hora y te puede salir genial o una calamidad. En esas circunstancias llegamos a The Cloisters, un museo inesperado, en medio del Front Tryon Park, en Harlem, desde el que se ve la preciosa bahía del río Hudson. En medio de una vegetación increíble, se esconde este museo, que pertenece al MET, y que parece una antigua iglesia románica europea, precisamente porque alberga en su interior eso: frescos, figuras, altares, tumbas o capiteles medievales, mucho de iglesias del norte de España. Una delicia para alejarse durante un rato del bullicio de asfalto, pitidos y gente corriendo.



-Por poco que hayas pasado por el Williamsburg Bridge, seguro que te has fijado en una nave industrial con una enorme chimenea. Se trata de la Domino Sugar Factory, construida en 1856 y la primera refinería de azúcar de la zona. Pues bien, ahora es un sitio de moda, uno de los lugares imprescindibles si te gusta estar al tanto del arte más contemporáneo y de vanguardia. La estrella del momento es una estatua de azúcar a gran escala de la artista afroamericana Kara Walker.

Y para terminar esta encíclica, os dejo con High Maintenance, una serie que se emite en Vimeo y que retrata de forma humorística distintos perfiles de neoyorquinos. Y la pregunta del millón: ¿cuándo volvemos?

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