Medicina para el estrés


Qué gran verdad es esa de que los flechazos se producen cuando menos lo esperas. Buscaba un espejo de estilo veneciano para colgar en la cocina y de repente me topé con la cerámica de Sophie Papazian. Miré aquellos deliciosos platos, de rasgos brutos –sin formas homogéneas, de trazos de pintura irregulares casi espontáneos y de bajos sin pulir- pero a la vez tremendamente delicados, y casi se me olvidó el primer objetivo de mi visita.

 Mi mente racional me devolvió a mi ser, hice mi compra inicial y me fui. Seguí la teoría para los caprichos: si no se te olvida, lo compras. Y allí estaba de nuevo a las dos semanas, nerviosa ante la obligación de elegir un modelo entre tanta preciosura.



Sophie Papazian es una artista de Lyon que habita en Cotignac, un pequeño pueblo de la Provenza francesa conocido por la gran roca bajo la que se asienta la localidad, sus casitas de piedra de los siglos XVI y XVII y por ser una villa de artesanos. Papazian tiene allí su taller donde pinta y crea esta cerámica floral, prensando sobre el barro las hojas  que recoge en su privilegiado entorno.

Al final, me hice con el pequeño platito que veis en las fotos y lo coloqué en la mesa de escritorio, en medio de una maraña de papeles rayados, juguetes de niña y tazas de té a medio terminar. Y, cuando me sobrepasa el caos, me paro y simplemente lo admiro. Y todo se pasa. A veces la vida tiene estas cosas así de fáciles.



Decomposition Books


Me paso los días delante de una pantalla. De móvil, de iPad, de ordenador…  Como el común de los mortales, la tecnología forma parte de mi vida en un porcentaje que a veces me asusta. Pero a la hora de hacer listas y ordenar pensamientos, eso, sin duda, ha de ser a mano. Es genial esa sensación de haber llenado una hoja de retos –más pequeños o más grandes, eso da igual- e ir tachando, garabateando, haciendo anotaciones durante el proceso. Tirar ese papel manoseado y sucio y volver a empezar es una de las pequeñas satisfacciones de mi rutina.

imagen vía pinterest


En mi viaje a Nueva York di por pura casualidad con los Decomposition Books, unos cuadernos 100% eco con gran variedad de preciosas cubiertas. Michael Roger, la imprenta familiar de Brooklyn fundada en 1949 que los fabrica, decidió darle una vuelta tuerca a los Composition Books, los tradicionales cuadernos que escritores y estudiantes han utilizado siempre en los Estados Unidos. Hojas de líneas azules y margen rojo, lomo de tela negra engomada, tapa de cartón duro en blanco y negro y un recuadro en el centro para apuntar el dueño, la fecha o el uso de esas páginas. Su sencillez ya era pura perfección.

A los españolitos seguro que os suenan porque nosotros también tuvimos la versión nacional de Miquel Rius, que se utilizaba en muchos comercios para llevar las cuentas y los pedidos -y que, como no podía ser de otra forma, mi querida Rocío de Real Fábrica los ha rescatado en su imprescindible tienda online-.

Pues bien, el plus de los Decomposition Books son esas cubiertas preciosas, de animales salvajes, que recuerdan a los libros infantiles de antaño, de románticos estampados florales, de bicicletas antiguas, o de aquellas que imitan a madera. La otra M casi desespera mientras yo intentaba decidirme entre una y otra.  Además, los cuadernos vienen con sorpresa en el interior: unas ilustraciones de Tony Millionaire, un conocido dibujante de cómics norteamericano, que imitan las infografías de los libros de texto antiguos en clave humorística.

Y ahora que somos un poco más conscientes de lo de comprar local, está bien saber que los Decomposition Books se fabrican en su totalidad en Estados Unidos, con papel reciclado y son impresos con tinta de soja y sin cloro para que puedan ser nuevamente reciclados. ¿Dan o no ganas de empezar a escribir y tachar?

imagen vía pinterest

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