Medicina para el estrés


Qué gran verdad es esa de que los flechazos se producen cuando menos lo esperas. Buscaba un espejo de estilo veneciano para colgar en la cocina y de repente me topé con la cerámica de Sophie Papazian. Miré aquellos deliciosos platos, de rasgos brutos –sin formas homogéneas, de trazos de pintura irregulares casi espontáneos y de bajos sin pulir- pero a la vez tremendamente delicados, y casi se me olvidó el primer objetivo de mi visita.

 Mi mente racional me devolvió a mi ser, hice mi compra inicial y me fui. Seguí la teoría para los caprichos: si no se te olvida, lo compras. Y allí estaba de nuevo a las dos semanas, nerviosa ante la obligación de elegir un modelo entre tanta preciosura.



Sophie Papazian es una artista de Lyon que habita en Cotignac, un pequeño pueblo de la Provenza francesa conocido por la gran roca bajo la que se asienta la localidad, sus casitas de piedra de los siglos XVI y XVII y por ser una villa de artesanos. Papazian tiene allí su taller donde pinta y crea esta cerámica floral, prensando sobre el barro las hojas  que recoge en su privilegiado entorno.

Al final, me hice con el pequeño platito que veis en las fotos y lo coloqué en la mesa de escritorio, en medio de una maraña de papeles rayados, juguetes de niña y tazas de té a medio terminar. Y, cuando me sobrepasa el caos, me paro y simplemente lo admiro. Y todo se pasa. A veces la vida tiene estas cosas así de fáciles.



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