Made For Each Other


Tengo una relación muy de amor-odio con Instagram. Me hace remolonear y perder el tiempo cuando no quiero arrancar y, sin embargo, termina sorprendiéndome, llevándome de la mano hacia grandes descubrimientos.

Si no, ya me diréis cómo hubiera dado yo con el taller de Aaron y Claire Van Holland, en North Hollywood, LA., un destino más que apetecible que, me temo, nunca he pisado. Los muebles que elaboran esta pareja de artistas me conquistaron por sus sencillas líneas midcentury y, más allá de ese primer vistazo, por su gran historia detrás.



En plena búsqueda de un pequeño proyecto en el que pudieran aunar diseño y sostenibilidad, Aaron heredó un granero familiar con más de cien años, que su padre estaba a punto de echar abajo. Toda la estructura de aquel granero había sido creada con abeto de Douglas, una especie que alcanza grandes tamaños y que, efectivamente, se suele utilizar para crear vigas y armazones.

Este hecho en principio aislado, no solo dio el empuje sino también la materia prima para poner en marcha mfeo Made For Each Other. Varoniles mesas de despacho, sillas asombrosamente curvas o un divertido espejo-estante triangular; piezas creadas una a una con el objetivo de disfrutarlas año tras años, hasta que sean heredadas por la familia. Según explicaba Aaron, Made For Each Other es una frase que aparece en la mítica película de Meg Ryan y Tom Hanks Algo para recordar: "nos gusta la idea de que cada una de nuestras piezas esté elaborada y destinada para un hogar especial". Y a quién no.



Todas las imágenes pertenecen a mfeo.

#facethefoliage


Ni tejer, ni pintar mandalas ni, por supuesto, hacer magdalenas. La interiorista y diseñadora norteamericana –entre otras muchas cosas- Justina Blakeney ha bautizado como #Facethefoliage la nueva forma de entretiempo cool: dibujar caras con hojas, semillas y pétalos de flores. Tal cual. Una afición, “terapéutica y muy divertida”, a la que se han sumado desde amas de casa a blogueras de éxito y la mismísima biblia de la moda, Vogue, que no ha tardado en demandar los servicios de Blakeney para retratar botánicamente a algunas de las caras más famosas de la industria.

Algunas de las imágenes de Justina Blakeney para Vogue


Justina Blakeney, un personaje inquieto y colorista del que os animo a visitar su web, blog y todas sus redes sociales, retrata con una maestría que a mí, torpe donde las haya, me parece milagrosa los rostros de Karl Lagerfeld, Diana Vreeland, Grace Jones o Grace Coddington a través de ramitas, pétalos de clavel o una especie de pequeñas lentejas. Y todo, como excusa genial para mostrar las joyas de Moda Operandi –una tienda online donde se pueden comprar las colecciones de las grandes marcas casi inmediatamente después del desfile-.

Impaciente y dada a que me suden las manos ante actividades de precisión, creo que yo de momento seguiré dibujándole pollitos a mi hija de dos años. Pero esta nueva tendencia flower power tiene pinta de ir a más. De momento ya es un fenómeno en Instagram y su hashtag acumula casi 1.700 publicaciones.

Creaciones de Simone Wit




Creaciones de Anne Van Ours

Señoras que no se manchan las manos


Siempre me han fascinado esas mujeres que parecen tener la elegancia, el estilo o como lo queráis llamar como parte de su ADN. Nunca tienen malos días estilísticos, no se levantan con pelos de haberse peleado con la almohada, lucen naturales, como si se hubieran arreglado en dos minutos, pero a la vez espléndidas todo el día y siempre huelen bien, el perfume parece durarles más que al resto de los humanos. En el mundo fashion y alrededores tenemos a algunos ejemplos, aunque reconozco que les quito algo de mérito. Al fin y al cabo, ellas se saben los trucos.

Las que de verdad admiro son aquellas con las que convives, ajenas a todo este tinglado de las tendencias. Aquellas que lo bordan sin saberlo, que sin interesarle lo más mínimo son portadoras de ese je ne sais quoi.

Me encontré por casualidad con la foto de Vera Scarth-Johnson (1912-1999) en un precioso libro que recomiendo, RHS Botany for Gardeners. Me maravilló su porte aristocrático, la seguridad de sus gestos y su estilismo exquisito. Me la imaginé como la mano derecha de Diana Vreeland o sentada en alguno de los muchos front rows que se van a suceder este mes.

imagen vía RHS Botany for Gardeners


Pero nada tuvo que ver ella con estas banalidades. De origen británico, terminó el colegio en París, pero poco le interesó de esta ciudad aparte de los jardines. Vera Scarth-Johnson es, en realidad, una reconocida botánica e ilustradora muy querida en Australia por su labor por conservar el hábitat y la vegetación del Endeavour River Valley.

¿Creíais que lucía esa pamela porque era tendencia? Posiblemente estaba en el huerto, transplantando una orquídea de Cooktown y utilizó el sombrero para protegerse del sol. ¿Amigos cool? Pocos podrán presumir de haber viajado por el continente con la tribu aborigen de los Guugu-Yimithir. ¿Empresaria y multitalented (como se hacen llamar algunas ahora…)? Fue una de las primeras mujeres en conseguir un permiso para plantar azúcar, sus 160 ilustraciones de plantas australianas conforman una colección botánica de valor incalculable, con su activismo consiguió que se creara el parque nacional de Endeavour River y cuenta con una reserva con su nombre y una medalla al honor por su contribución al país.

De servilletas de tela y hacerse mayor


Retomo el blog con una reivindicación: quiero que vuelvan los ajuares. Sí, esas colecciones de vajillas, cuberterías, ropa de cama y manteles que las familias iban guardando poquito a poquito para convertirse más tarde en el regalo de bodas.

Siempre me ha encantado rebuscar entre las cosas viejas de mi madre y mis abuelas, es como saber un poco más de la historia familiar, de lo que eran en otros tiempos en los que yo ni siquiera existía. Y si antes era en la ropa, ahora cada vez más rebusco entre las cosas de hogar. Me gusta pasar la mano suavemente por las sábanas de lino o de ese algodón almidonado antiguo, detenerme en los bordados de los manteles de hilo y celebrar cada día comiendo con servilletas de tela bordadas y la vajilla de Santa Clara. Es curioso como esas cosas hace muy poco tiempo me pasaban totalmente inadvertidas cuando ahora me parecen auténticos tesoros. Mi madre dice que es porque me he hecho mayor. Una señora de costumbres antiguas.

imagen vía etsy


Mi madre y mi abuela, las mujeres más generosas que conozco, se preparan cada año para el espolio estival. Es entonces el único momento en que hacemos el viaje desde Bruselas a casa de mis padres en coche, lo que para mí significa vía libre de peso y trastos. Y ahí están ellas, consintiendo con una sonrisa que me lleve de su hogar para que yo llene el mío. El año pasado fue la vajilla del ajuar de la boda de mi abuela y su lámpara de lágrimas del salón. Esta vez ha sido una mantelería y una pequeña licorera también de su boda. Por supuesto, no me importa si algún plato tiene un desconche o el mantel una mancha que ya nunca se fue, eso es parte de la historia.

Ahora está fatal eso de tener apego a lo material pero, qué queréis que os diga, a mí todo me sienta mejor cuando lo como con los cubiertos de plata heredada.

imágenes via pinterest aquí y aquí