Caprichos y apetencias de otoño

Lo de adelantarse al momento siempre se me ha dado bastante regular. Por eso, escribir sobre lanas, grados de menos y planes al calor de la chimenea me daba mucha pereza cuando fuera lucía un radiante sol y vivíamos hasta hace nada en una especie de verano aletargado que no se quería despedir (sí, también aquí en Bruselas).

Pero lo que sí se me da estupendamente son las listas y, llegada –de verdad- mi estación favorita, es el momento de ponerse a ello. Aquí van mis caprichos y apetencias de la temporada:

Imagen de Nipomo


-No hay otoño que no se inaugure con una nueva manta. Los jerseys y las botas están muy bien, pero la primera compra de todas ha de ser una manta digna. Requisitos indispensables: que sea de un material gozoso y visualizarse ipso facto en modo canelón. La elegida este año es de Nipomo, una firma californiana que comercializa las preciosas creaciones de una familia de artesanos mexicanos. Sus estampados geométricos, de animales y esos juegos de colores hacen que me estrese cada vez que intento elegir modelo. Y cuando pase el frío, la extenderé en el parque o en la playa y me montaré un picnic a la de ya.

-Sacar un brazo de la manta y atacar la tableta de chocolate de Saveurs & Nature. Los productos de la firma de chocolate bio francesa contienen uno de los mayores porcentajes de manteca de cacao del mercado y no incluyen grasas vegetales ni lecitina de soja. Pero, además de saber qué le metemos al cuerpo, el sabor –creedme- se nota. Mis favoritos son el de avellanas tostadas y el de flor de sal y mojar una onza cual galleta en un café bien caliente. Ojos en blanco.

Imagen de Midori

-Deshacerme de la aplicación de notas del iPhone e invertir en un cuaderno molón. Como el Traveler de Midori. La base son unas tapas de cuero rústico teñidas y cortadas a mano que se cierran con una simple goma elástica. Dentro se pueden incluir todo tipo de recambios para personalizarlo y adaptarlo a lo que necesites, desde una diario semanal, papel en blanco o de cuadros, archivadores… Y a partir de ahí, garabatearlo, manosearlo, desgastarlo y, en definitiva, darle vida.

-Ver la vida desde otra perspectiva: concretamente, desde la de unas nuevas gafas metálicas doradas. Que las gafaspasta son ya demasiado mainstream, que hace tiempo que perdieron su carácter intelectualoide –a quién queríamos engañar- y que a mí, personalmente, las mías me pesan. Ovaladas, aunque no totalmente redondas, que tampoco se trata de emular a John Lennon. Nunca lo hubiera dicho pero mi musa, en este caso, es la modelo Vanesa Lorenzo.

-Usar el mimbre cuando hace frío. Los capazos en verano me empachan terriblemente. Pero en invierno, cuando la fiebre de borlas, colgajos y bolsos bicolores o con mensaje llega a su fin, el mimbre vuelve a su ser, a su tono apagado y a su tacto un poco áspero. Y yo ya me veo como la chica de la foto, yendo al mercado, a comprar castañas, puerros y unos tulipanes; y guardarlo todo a su abrigo sin asquerosas bolsas de plástico. Como antes.

Imagen de pinterest

Una petición especial

Nos van a poner un andamio en la fachada. No sé que tengo yo con las obras, que parecen perseguirme. Es llegar a una casa y ponerse de acuerdo todos los vecinos para poner a punto el edificio.

Y en eso estábamos, en una larga y aburridísima cadena de emails vecinal, unos preocupados por el presupuesto y otros por cuánto durarían las obras, la limpieza, etc… A mí particularmente me preocupaba que las cortinas que había encargado para el salón no llegaran a tiempo y tuviera que dar los buenos días a los obreros durante dos semanas. Ya sabéis, problemas del primer mundo.

Y fue entonces cuando uno de los vecinos me sorprende felizmente con este mensaje que paso más abajo a traducir:




“Yo tengo una petición un poco especial.

¿Podría usted insistir –se lo dice al administrador de la finca- a los obreros que no tapen los orificios que se encuentran bajo la cornisa y que permiten que una colonia de vencejos aniden desde siempre en el desván? Cada año, asistimos con placer al baile de los padres que acuden a alimentar a sus pequeños. Nuestro gato lo encuentra también muy interesante aunque no estoy seguro de que sea animado por las mismas buenas intenciones que nosotros. Felizmente está la ventana… y él tiene vértigo.

Gracias por adelantado.

(El vencejo, especie protegida en Francia y Suiza, aquí no lo sé pero lo supongo)”.

No sé vosotros, pero yo propongo crearle un club de fans.

Imagen del salón de Manolo Yllera, que me fascina, en AD


Y hablando de pájaros, y de vencejos, que son muy parecidos a las golondrinas, ¿qué me decís de esas preciosas cerámicas para colgar en casa? Los que no tenemos la fortuna de vivir el milagro de la Naturaleza dentro de nuestras cuatro paredes, al menos podremos mínimamente evocarlo con la felicidad de saber que no corremos peligro de que migren.