How to be Belgian wherever you are (I). L'apéritif


En el universo expat –como nos llaman a los de fuera en Bruselas- es muy común sufrir el efecto de la balsa de aceite. Básicamente, vivimos en un país que no es el nuestro pero sin enterarnos apenas de nada de lo que sucede alrededor. Sabes dónde está el supermercado, el autobús que te lleva a trabajar y el recorrido turístico básico para cuando vienen a visitarte. Pero no tienes ni idea de la actualidad del país –porque la poca tele que ves son las noticias del canal internacional de TVE- y mucho menos has tratado con locales más allá de en tiendas y restaurantes. Estamos pero no estamos.

La semana pasada nuestros vecinos –belgas- nos invitaron a un apéritif el domingo por la tarde. Para poneros en antecedentes, se trata de un matrimonio que, por edad, podrían ser mis padres, una pareja muy amable que lleva viviendo cuarenta años en el edificio pero con la que apenas me había saludado en el portal y de la ni siquiera sabía sus nombres. Lo primero que pensé es que había trampa: quizá nos habían invitado a su casa para, en su terreno, decirnos que éramos unos españoles terriblemente ruidosos; o se trataba, sin embargo, de una propuesta para aunar fuerzas contra los del tercero, que no son especialmente simpáticos…

Corrí a mi profesora de francés, Anna –muuuy belga-, para que me diera algunas pautas básicas con las que dominar la situación y lo primero que hizo fue avasallarme a preguntas (¿qué día es?, ¿a qué hora?, ¿es con más gente o solo vosotros?, ¿vuestra niña está invitada o es sólo para adultos?). Está claro que esto no me dio mucha más tranquilidad y empecé a percatarme de que había más ritual del que inicialmente había pensado.

imagen de pinterest


Tras mi estudio acelerado inicial y mi trabajo de campo el domingo, aquí van algunos de los detalles que más me sorprendieron:

-No te quites los zapatos al llegar a su casa. Los españoles subimos unos kilómetros hacia el norte y ya nos creemos que todo son arenques y calcetines al aire. En Bélgica, sin embargo, es una práctica bizarra y, si el anfitrión es un poco escrupuloso, le resultará bastante guarrada.

-Cuando se visita, hay que llevar un pequeño regalo. Pero sin pasarse: “tan malo es quedarse corto, como avasallar con algo demasiado grande”, me dijo Anna.

-Si el apéritif es con más personas, con llevar una botella de vino basta. Pero ojo, no se trata de una botella que os beberéis en casa del anfitrión, es un regalo. Así que no os extrañe que no la abra.

-Si el apéritif se ha preparado solo para vosotros, acompañad la botella con algo más, que elegirás teniendo en cuenta la hora en la que va a ser el apéritif y quién es el anfitrión. Es decir, si es una pareja, no pega llevar un bouquet de flores, si es tarde/noche, mejor algo salado que dulce. Nosotros elegimos una pequeña cesta con algunas latas de foie gras, una especie de fuet francés y mermelada de cebolla. Y la misma filosofía que con la botella de vino: es un regalo, no probamos nada de la cesta.

-Por muy majos que sean los anfitriones, no te apalanques. Una hora y media, dos horas, es el tiempo máximo, ya que, si no te han avisado antes, la cita no acabará en comida o cena. Aquí no es: “qué bien estamos de charleta, espera que saco un poco más de chorizo y tuesto pan y hacemos merienda cena hasta las mil”. Y, por supuesto, no esperes a que te echen, tras el tiempo prudencial despídete.

-Un detalle curioso es que, al comentar posibles excusas para marchar con mi profesora, le propuse decir que nos teníamos que ir porque Martina debía cenar. A lo que ella me respondió que mejor no, ya que, ellos ya nos estaban ofreciendo comida (aunque fueran unas patatas fritas) y que podía quedar mal.

En fin, como veis, aquí la vida lleva en sí algo más de protocolo. De todas formas, al final la cita fue mucho más natural de lo que yo esperaba –aunque se cumplió todo lo anterior-, y una experiencia interesante para empezar a romper ese aceite e ir bajando poco a poco a tocar agua. La conversación fluyó, nos reímos y quedamos en vernos de nuevo más adelante –la próxima en nuestra casa, claro-.

Pd. Para los expats que me leen. Por lo que he podido contrastar, no es muy habitual que el vecino te invite a un apéritif si te conoce solo de hola y adiós. Así que no creas que tienes un vecino borde si no lo hace, parece simplemente que los míos son especialmente majos!

4 comentarios:

  1. me ha encantado el post

    es un tema del que nadie habla...muchas tiendas, muchos monumentos, pero la idiosincracia y el protocolo de los sitios son más importantes que los museos.

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    1. gracias Raquel! pues prepárate que ya tengo pensadas la versión escolar, reformas en casa... somos parecidos pero, para nada, iguales!

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  2. Muy bueno y totalmente cierto...con nuestros amigos belgas se cumplió tal cuál desde que nos conocimos, porque empezamos siendo vecinos, jajaja... así que quizás esto acabe en una bonita amistad :)

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    1. puede que mis entrañables vecinos se conviertan en los yayos belgas de Martina! ;)

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