Jesse Kamm

Me encanta Freude von Freuden. Me puedo pasar horas leyendo las historias y las vidas de gente molona y curioseando en sus todavía más molonas casas. Y en esas estaba cuando me topé con una estilosa familia californiana (¡sí, los USA otra vez!). Me quedé pegada a la pantalla viendo a esa espigada tipa, con cuerpo –y, sobre todo, altura- de modelo sueca y ese effortless chic americano del que os hablaba hace nada. Cada uno de sus estilismos era un añadido nuevo a mi carpeta de inspiración y un nuevo guión en mi whislist. Y entendí todo tan pronto googleé su nombre.




Las tres imágenes son de Freunde von Freunden 
Jesse Kamm es una diseñadora californiana casi autodidacta que, tras cuatro años trabajando como modelo y sentirse vacía, decidió aprender a coser y en 2005 crear su propia firma, con tanto éxito que su primer punto de venta fue la emblemática tienda parisina Colette. Su propuesta, que dice inspirarse en diseños vintage y en la naturaleza, en principio no es nueva: patrones minimal, paleta de colores neutra y tejidos escogidos con mimo y todos eco-friendly. Sin embargo, no sé si son esos cortes tan holgados y fáciles, su aura de eterna vacación en un lluvioso día de febrero o que una de mis máximas en la vida es parecerme a Annie Hall y las propuestas de Jesse Kamm realmente me la recuerdan; pero lo cierto es que yo caí rendida.

Me gusta su filosofía de comprar poco y comprar bien, de vivir las prendas todas las estaciones y años posibles, de remendarlas, rediseñarlas acortando bajos, guardarlas un par de años y volverlas de nuevo a usar más tarde con la misma frescura de quien estrena. De hecho, éste ha sido uno de mis propósitos de año nuevo de los últimos años que poco a poco voy intentando cumplir.

Pero, sin duda, lo que me vuelve loca es cómo se ha montado esta mujer el negocio. Vive y trabaja en Los Ángeles durante nueve meses y los tres restantes se marcha con su marido y su hijo a un pequeño archipiélago de Panamá, donde ellos mismos se han construido su casa. "I believe we are on this spinning rock for a short time, so do what you love, and do it well", explica en su web. Un paraíso familiar donde resetear del todo para volver, de verdad, a empezar de nuevo. ¿No os parece un planazo?

Imágenes de la colección de SS2015



How to be Belgian wherever you are (II). Gofres falleros, normas no escritas y algún que otro chiste

No hay nada como ponerse a escarbar para encontrar un montón de matices. Y eso es precisamente lo que me está pasando con mis queridos vecinos belgas. Los primeros años en este país fueron tiempo de adaptación a lo básico, de aprender el idioma y de dejar de dar muchas cosas por sabidas. Ahora he comenzado a entenderlos, o al menos, a entender porqué piensan como piensan, y a valorar esas pequeñas cosas que nos diferencian pero que, al final, echan un poco de sal a la vida.

Aquí va el segundo capítulo para mutar en un verdadero belga de pega:

Las belgas adoran las pieles –sí, no es muy ecológicamente correcto, pero así es-. Les pirran, sobre todo los abrigos de visón. Sin embargo, ellas no son de llevarlas de cualquier forma, de nuevo hay cierto protocolo. Para comenzar, toda belga que se precie no sacará las pieles a pasear hasta que no haya una temperatura de entorno a los 0 grados; no como en algunas ciudades españolas en las que he visto a las señoras de bien plantarse los abrigos un domingo con casi 15 grados. No, no y no. Además, una norma de buena educación que me consta cumplen a rajatabla dicta que las pieles no pueden salir del armario antes del 15 de noviembre. ¿Porqué? Pues no lo sé.

El idioma francés en general y los belgas en particular tienen multitud de dichos y refranes sobre perros y gatos. Por ejemplo: “Les chiens ne font pas de chats”, algo así como los perros no hacen gatos, que es una especie de “de tal palo, tal astilla” español. A ellos les encanta decir que es porque son muy amigos de los animales –desde luego no de los pobres visones…-.

Preciosa casa recuperada en la Bélgica rural. La foto, de Frederik Vercruysse, me recuerda a una pintura flamenca del XVII.

Los belgas tienen una auténtica obsesión por la propiedad inmobiliaria. La casa en la que vivan ha de ser suya sí o sí; es casi requisito indispensable a la hora de independizarse o vivir en pareja. El alquiler se mueve muchísimo en Bélgica, es cierto, pero solo gracias a tanto expat que viene y va. De hecho, sé también de muchos expats que, tras unos años en el país, se han dejado tentar por ese afán de posesión y han acabado comprando -el precio y las condiciones de compra aquí son mucho más atractivas que en España… Sí, sí, lo que leéis-. Los mismos belgas se ríen muchas veces de ese afán suyo de compra y dicen “avoir un brique dans le ventre” –o lo que es lo mismo, tener un ladrillo en la tripa-.

En tema de gofres, hay dos bandos casi rivales: los de Bruselas –o simplemente conocidos como belgas- y los de Lieja. Y que nadie ose confundirlos porque no, no son iguales y además se te pueden cabrear mucho. Los más populares son los primeros, rectangulares y algo más esponjosos, elaborados con harina de trigo –originariamente, los de harina sarracena se consideraban los “gofres de diario” y los de harina blanca los de días de fiesta-, se sirven calientes y, lo típico es con fresas y crema Chantilly –aunque si te paseas por el centro más turístico de la capital podrás ver auténticos gofres falleros con chocolate, nata, fresas, plátano, lacasitos y todo a la vez. Y atrévete después a comerte eso de pie…-. Los de Lieja, de puntas redondeadas, están elaborados con una pasta fermentada con levadura, a la que han añadido canela y perlas de azúcar. Son algo más tochos, se sirven tibios o fríos –yo particularmente los prefiero calientes- y con azúcar por encima.

Pero en cuestión de bollería belga, mi favorito, sin duda, es el cramique, mucho menos popular fuera del país aunque aquí es todo un clásico básico. Se trata de un pan dulce con pasas, una especie de delicioso brioche grande que los belgas compran los domingos para desayunar, hacen rebanadas y toman con mucha mantequilla. No dejéis de probarlo.

Aunque nosotros oigamos francés y nos parezca todos lo mismo, los belgas y los franceses tienen una relación de amor-odio bastante intensa. La versión francesa de los chistes de Lepe son precisamente los chistes de belgas. Éstos se defienden diciendo que, sí, sí, mucho chiste, pero que los franceses en cuanto pueden se mudan a Bélgica –por el tema inmobiliario que os contaba antes-. De hecho, tienen algún debate lingüístico bastante gracioso como que, por ejemplo, los niños en los colegios belgas llaman a su profesora por Madame y su nombre de pila, y no su apellido –Madame Stéphanie, imaginemos-. Algo que a las profesoras francesas que trabajan aquí les sabe a cuerno quemado ya que en el país galo solo se denomina así a las madamas que dirigen los burdeles…

Y para terminar, os dejo con un vídeo del chico de moda en la música belga desde hace un par de años, Stromae. Hay incluso quienes lo han llegado a denominar “el nuevo Jacques Brel”. No sé si es un poco calentada o no – a mí esta canción me gusta bastante-, lo que sí es cierto es que ha sido reconocido con un montón de premios y muy bien tratado por la crítica. Una pena que en España no estemos más acostumbrados a cantar en francés.



Pss. Si os ha gustado la foto de hoy, no dejéis de pasaros por la web de Frederik Vercruysse, una verdadera delicia.


GOD BLESS AMERICA

Quién me iba a decir a mí hace unos años, europeísta convencida –entiéndanme, en cuanto a diseño y tendencias- y amante de los climas que no sobrepasan los 22 grados, que mi plan ideal a día de hoy sería mudarme a California o Nuevo México, en pleno verano abrumador y hacerme amiga de las lagartijas.

Y es que, si mi querida Raquel, de GT Fashion Diary, hablaba de Asutralia como el país de tendencia en 2014, desde luego yo en 2015 le paso el testigo a los USA. Y no me refiero a Manhattan, Calvin Klein, Gap y Sarah Jessica Parker (dios, ¿alguien les dirá a algunas que Sex & The City dejó de estar de moda hace 10 años?), sino a símbolos de los USA más profundo y rural, a su historia –que la tienen- y, como no podía ser de otra forma, a su versión menos plastificada y comercial.

Porque la decoración que nos inspira ya no viene de los países escandinavos, sino de la costa suroeste americana

Todo empezó sutilmente hace ya un par de años con la vuelta de las cuernas rollo western como elemento decorativo it. Siguió por los tapices de hilo y macramé a modo de cabezal, inspirados en el Palm Springs de los setenta. Y ha continuado hasta llegar a la invasión de los cactus en series, blogs deco y locales de moda de todo tipo –no creo haber visto tantos desde Curro Jiménez, aunque reconozco que a mí me encantan-. Lo que toca ahora son los elementos navajos, desde las fabulosas mantas de Hello Nipomo de las que ya os hablé aquí al atrapasueños de los indios Ojibwa, último must en la habitación de todo niño cool que se precie.

General Store. Imagen de Refinery 29

 Por sus tiendas preciosas

Hay mil ejemplos de ellas y a cada cual más inspiradora (en este post de los Better hay una lista bastante completa) pero sin duda mi favorita es General Store. Por su mezcla perfecta entre artesanos locales -su selección de cerámica californiana es lo más- y artículos vintage, por sus locales (hay dos) llenos de plantas y por ese aire bohemio y de comunidad que transmite. Aunque su primera sede fue creada por Serene Mitnik-Miller en San Francisco, siento predilección por la de Venice Beach. Probablemente tenga que ver con que su dueña es una de mis divas de vida y estilo.

Por Hannah Henderson

La propietaria de General Store de Venice Beach es de esas mujeres de las que os hablé hace un tiempo que parecen haber nacido recién salidas de la ducha, oliendo a lavanda y con un estilazo bohemio-casual –de pega, claro- que roza la perfección. Vive en una casa ideal que es una completa extensión de la preciosa tienda que posee, junto a su marido surfero barbudo, melenas e increíblemente atractivo, John Moore, y a sus dos niñas rubias ideales, Lennon y Costa. Mi objetivo vital es pasarme como casualmente por su tienda y acabar siendo su mejor amiga.

La familia Moore Henderson. Imagen de Kinfolk


Porque, efectivamente, no todo es Gap o Abercrombie & Fitch

Que no digo que estén mal, pero a mí personalmente me dice –y me gusta- mucho más Madewell, por ejemplo. Mucho denim, estampados ikat , cuadros por doquier. Una firma que respira ese estilo sureño de la América profunda pero en versión très chic (por cierto, recomiendo absolutamente su blog). Los pantalones que compré allí en mi última visita a Nueva York fueron sin duda la mejor inversión del verano. Una pena que Madewell solo envíe a Canada y Japón… Habrá que volver.

Imagen de Angi Weslch para Madewell


Porque el nuevo viaje de novios es hacer la ruta 66

Cuántos novios han optado por el viaje Nueva York-Cancún o Cancún-Nueva York…. Venga chicos, sed más originales. Ahora mismo me cogía un avión a Los Ángeles, un mapa y un coche de alquiler y ponía rumbo desde ahí a Chicago -sí, sí, casi 4.000 kilómetros- por la América más profunda: Arizona, Nuevo México, Oklahoma, Missouri… Un continente entero por descubrir y una verdadera prueba de fuego parejil -si volvéis juntos a casa, entonces de verdad será para toda la vida-.

Porque los marines son los nuevos personal trainers

Y si no, recapitulemos las prácticas deportivas de moda en los últimos meses. Primero fue el bootcamp por el Retiro, después el crossfit y ahora las sesiones de TRX… Poco más que añadir.

Strange Plants

¿Te has planteado alguna vez que la visión de unas rosas silvestres al anochecer puede producirnos la misma sensación de ensoñación y misterio que La Mariée de Chagall? ¿O la inquietud que genera una salvaje kudzu invadiendo –y ahogando- a un pobre pino es la misma que la versión del papa Inocencio X de Francis Bacon?

Esto es precisamente de lo que trata Strange Plants, un libro editado por Zio Baritaux y diseñado por Folch Studio que descubrí las pasadas navidades. Strange Plants explora la capacidad que tienen las plantas para crear en nosotros sentimientos muy parecidos a los que nos provoca el arte. Las admiramos, nos relajan, nos inspiran, nos conmueven o, porqué no, llegan a turbarnos. Jamás lo hubiera pensado de ese modo, aunque reconozco que me encanta la idea de tener arte en el salón.



La autora reune a veinticinco artistas de disciplinas muy distintas –fotógrafos, escultores, pintores o tatuadores-  y trata, a través de cercanas entrevistas y la muestra de sus trabajos, cómo las plantas les afectan, sobre todo, en la rutina personal. Es interesante ver cómo muchos de los artistas participantes tienen una tradición familiar “floral” detrás.

Y si el tema os parece interesante de por sí, el envoltorio es un auténtico regalo. En una preciosa tonalidad salmón, con un juego de tipografías mínimas y gigantes que funciona genial y una cartilla de seis pegatinas para customizar cada ejemplar a nuestro antojo.

Pssst... Cuántas veces hemos oído hablar desde que apareció Internet del triste adiós que deberíamos dar tarde o temprano a los libros en papel. Y fíjate por donde que, cuanto más avanza la tecnología y más desarrollamos nuestro pulgar a base de mensaje de whatsapp, mejores descubrimientos hago precisamente en formato tradicional.








Imágenes Zioxla.com