How to be Belgian wherever you are (II). Gofres falleros, normas no escritas y algún que otro chiste

No hay nada como ponerse a escarbar para encontrar un montón de matices. Y eso es precisamente lo que me está pasando con mis queridos vecinos belgas. Los primeros años en este país fueron tiempo de adaptación a lo básico, de aprender el idioma y de dejar de dar muchas cosas por sabidas. Ahora he comenzado a entenderlos, o al menos, a entender porqué piensan como piensan, y a valorar esas pequeñas cosas que nos diferencian pero que, al final, echan un poco de sal a la vida.

Aquí va el segundo capítulo para mutar en un verdadero belga de pega:

Las belgas adoran las pieles –sí, no es muy ecológicamente correcto, pero así es-. Les pirran, sobre todo los abrigos de visón. Sin embargo, ellas no son de llevarlas de cualquier forma, de nuevo hay cierto protocolo. Para comenzar, toda belga que se precie no sacará las pieles a pasear hasta que no haya una temperatura de entorno a los 0 grados; no como en algunas ciudades españolas en las que he visto a las señoras de bien plantarse los abrigos un domingo con casi 15 grados. No, no y no. Además, una norma de buena educación que me consta cumplen a rajatabla dicta que las pieles no pueden salir del armario antes del 15 de noviembre. ¿Porqué? Pues no lo sé.

El idioma francés en general y los belgas en particular tienen multitud de dichos y refranes sobre perros y gatos. Por ejemplo: “Les chiens ne font pas de chats”, algo así como los perros no hacen gatos, que es una especie de “de tal palo, tal astilla” español. A ellos les encanta decir que es porque son muy amigos de los animales –desde luego no de los pobres visones…-.

Preciosa casa recuperada en la Bélgica rural. La foto, de Frederik Vercruysse, me recuerda a una pintura flamenca del XVII.

Los belgas tienen una auténtica obsesión por la propiedad inmobiliaria. La casa en la que vivan ha de ser suya sí o sí; es casi requisito indispensable a la hora de independizarse o vivir en pareja. El alquiler se mueve muchísimo en Bélgica, es cierto, pero solo gracias a tanto expat que viene y va. De hecho, sé también de muchos expats que, tras unos años en el país, se han dejado tentar por ese afán de posesión y han acabado comprando -el precio y las condiciones de compra aquí son mucho más atractivas que en España… Sí, sí, lo que leéis-. Los mismos belgas se ríen muchas veces de ese afán suyo de compra y dicen “avoir un brique dans le ventre” –o lo que es lo mismo, tener un ladrillo en la tripa-.

En tema de gofres, hay dos bandos casi rivales: los de Bruselas –o simplemente conocidos como belgas- y los de Lieja. Y que nadie ose confundirlos porque no, no son iguales y además se te pueden cabrear mucho. Los más populares son los primeros, rectangulares y algo más esponjosos, elaborados con harina de trigo –originariamente, los de harina sarracena se consideraban los “gofres de diario” y los de harina blanca los de días de fiesta-, se sirven calientes y, lo típico es con fresas y crema Chantilly –aunque si te paseas por el centro más turístico de la capital podrás ver auténticos gofres falleros con chocolate, nata, fresas, plátano, lacasitos y todo a la vez. Y atrévete después a comerte eso de pie…-. Los de Lieja, de puntas redondeadas, están elaborados con una pasta fermentada con levadura, a la que han añadido canela y perlas de azúcar. Son algo más tochos, se sirven tibios o fríos –yo particularmente los prefiero calientes- y con azúcar por encima.

Pero en cuestión de bollería belga, mi favorito, sin duda, es el cramique, mucho menos popular fuera del país aunque aquí es todo un clásico básico. Se trata de un pan dulce con pasas, una especie de delicioso brioche grande que los belgas compran los domingos para desayunar, hacen rebanadas y toman con mucha mantequilla. No dejéis de probarlo.

Aunque nosotros oigamos francés y nos parezca todos lo mismo, los belgas y los franceses tienen una relación de amor-odio bastante intensa. La versión francesa de los chistes de Lepe son precisamente los chistes de belgas. Éstos se defienden diciendo que, sí, sí, mucho chiste, pero que los franceses en cuanto pueden se mudan a Bélgica –por el tema inmobiliario que os contaba antes-. De hecho, tienen algún debate lingüístico bastante gracioso como que, por ejemplo, los niños en los colegios belgas llaman a su profesora por Madame y su nombre de pila, y no su apellido –Madame Stéphanie, imaginemos-. Algo que a las profesoras francesas que trabajan aquí les sabe a cuerno quemado ya que en el país galo solo se denomina así a las madamas que dirigen los burdeles…

Y para terminar, os dejo con un vídeo del chico de moda en la música belga desde hace un par de años, Stromae. Hay incluso quienes lo han llegado a denominar “el nuevo Jacques Brel”. No sé si es un poco calentada o no – a mí esta canción me gusta bastante-, lo que sí es cierto es que ha sido reconocido con un montón de premios y muy bien tratado por la crítica. Una pena que en España no estemos más acostumbrados a cantar en francés.



Pss. Si os ha gustado la foto de hoy, no dejéis de pasaros por la web de Frederik Vercruysse, una verdadera delicia.


2 comentarios:

  1. Yo soy incapaz de comer un gofre (son cosas muy pesadas para mi delicado estómago) pero a mejillonera no me gana nadie...sigue siendo algo típico?

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    1. Bien sûr!!! Un belga no lo es de verdad sin su cerveza, sus endivias, sus chocolates y sus cacerolas de mejillas y patatas fritas! Y, para confirmar que no hay nada mejor que acercarse al super para conocer a un país: el hígado de ternura, que en España es algo bastante normalito, aquí está carísimo, casi considerado delicatessen. Sin embargo, nuestro querido rabo de toro aquí es considerado carne de segunda y lo puedes encontrar baratísimo...

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