Huir a Cadaqués

Imagen de Sharyn Cairns
Hace meses que sueño con esconderme en algún pequeño pueblecito de la Costa Brava y hacer un poco el avestruz. Y alternar la vagancia de mañanas tardías con siestas largas y noches de hamaca sin hora. Y solo interrumpir tal rutina por un plato de sardinas, un chapuzón rápido en el mar o por un rato de buena lectura.

Encontrarme con “También esto pasará”, de Milena Busquets, no ha hecho más que acrecentar ese deseo. Un libro sencillo y rápido, casi una conversación con su autora, lleno de frases de bofetada, de esas rotundas y abrumadoras que te dejan KO simplemente por ser purita verdad.

Aquí van algunas de las que no quiero olvidarme:

Sobre decir “te quiero”

Los que dicen “te quiero mucho”, en realidad te quieren poco, o tal vez añaden el “mucho”, que en este caso significa “poco”, por timidez o por miedo a la contundencia de “te quiero”, que es la única manera verdadera de decir “te quiero”. El “mucho” hace que el “te quiero” se convierta en algo apto para todos los públicos, cuando, en realidad, casi nunca lo es. “Te quiero”, las palabras mágicas que te pueden convertir en un perro, en un dios, en un chiflado, en una sombra.

Sobre porqué somos como somos

Todos vemos cosas distintas, todos vemos siempre lo mismo, y lo que vemos nos define absolutamente. Y amamos instintivamente a los que ven lo mismo que nosotros, y les reconocemos al instante.

Sobre la manera de amar

Después de todo, amamos como nos han amado en la infancia, y los amores posteriores suelen ser una réplica del primer amor.

La observación, no sólo el amor, nos hace dueños de las cosas, de las ciudades que hemos visitado, de las historias que hemos vivido, de la gente, de todo. Todas las codas por las que has pasado sin indiferencia, con atención, son tuyas.

Sobre crecer, madurar y envejecer

La primera corona que perdemos, y tal vez la única imposible de recuperar, es la de la juventud; la de la infancia no cuenta porque de niños no somos conscientes del increíble botón de energía, fuerza, belleza, libertad y candor que al cabo de unos años será nuestro, y que los más suertudos dilapidaremos sin medida.

Nuestro interior acaba atrapándonos siempre. Acabaremos siendo quienes somos. La belleza y la juventud sólo sirven para camuflarnos durante un tiempo.

Cuando el mundo empieza a despoblarse de la gente que nos quiere, nos convertimos, poco a poco, al ritmo de las muertes, en desconocidos.

Tal vez todos nos quedamos siempre con algún viaje pendiente, planeamos viajes cuando ya son imposibles, como si intentásemos comprar tiempo aun sabiendo que el nuestro se ha agotado y que nadie puede regalarnos ni un solo minuto más.

Sobre los perros

Cualquiera que haya tenido perro sabe que son los perros los que nos eligen, no nosotros a ellos. Es un reconocimiento parecido al que se da, a veces, pocas, entre dos personas, mudo, veloz, indiscutible. Pero en los perros dura toda la vida.

Sobre la tristeza

Ocurre lo mismo con la tristeza que, como finísimas capas de cristal crujiente, se va depositando sobre nosotros, nos va cubriendo poco a poco. Somos como el guisante del cuento, enterrado debajo de mil colchones, como una luz brillante que parpadea débilmente. Y, como en los cuentos, sólo el amor verdadero, y a veces ni siquiera eso, puede acabar con la pena. El tiempo la mitiga, como hace con nosotros, como un domador de circo.

Sobre la maternidad

A veces me pregunto qué ocurrirá  cuando esta nueva generación de niños cuyas madres consideran la maternidad hasta una religión –mujeres que dan de mamar a sus hijos hasta que tienen cinco años y entonces alternan el pecho con los espaguetis, mujeres cuyo único interés y preocupación y razón de ser son los niños, que educan a sus hijos como si fuesen a reinar sobre un imperio, que inundan las redes sociales  de fotos de sus retoños, no sólo de cumpleaños o viajes sino de sus hijos en el váter o sentados en un orinal (no hay amor más impúdico que el amor maternal contemporáneo)- crezcan y se conviertan en seres humanos tan deficientes, contradictorios e infelices como nosotros, tal vez más incluso, no creo que nadie pueda salir indemne de que le fotografíen cagando.


Puede que esta entrada sea la vuelta al blog. O no, ya veremos.
Feliz verano

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