De barbacoas y vasos que rebosan



Bruselas y yo tenemos una relación de amor-odio. Soy consciente de lo afortunados que somos de vivir en esta ciudad, en nuestra casa, de los amigos que hemos encontrado aquí… Pero las rentrées siempre se me hacen cuesta arriba. Por eso, esta vez decidí volver a casa con un objetivo bien tatuado en la cabeza: los vasos, siempre, medio llenos. Es más fácil decirlo que hacerlo, pero en eso estamos. Y he de decir que ha habido momentos en estas últimas tres semanas en las que el vaso ha llegado felizmente a rebosar.

Como cuando fuimos invitados a una barbacoa para inaugurar la casa preciosa de una familia más preciosa todavía. Y nos pasamos la semana haciendo quinielas sobre si llovería, y teniendo como sola conversación si la aplicación del tiempo del iPhone era certera teniendo en cuenta el porcentaje alto de lluvias que anunciaba para el día en cuestión, o sería mejor hacer caso a la de Yahoo, mucho más benévola. Y al final llueve, y acabas utilizando el toldo de refugio -eso es muy de aquí-, pero oye, que también sale el sol y abrimos otra botella de vino para celebrarlo.

Y te pones morada de pasteles caseros deliciosos. Los pruebas todos y todos mil veces porque son sin gluten y no engordan –me niego a escuchar ninguna teoría que diga lo contrario, dejadme vivir así-.

La imagen, y los pasteles, son de mi querida Marta


Festejar por festejar es saludable y deberíamos practicarlo mucho más –quizá la dueña de la casa no pensó lo mismo al día siguiente de la barbacoa, pero estoy segura de que hoy sí-.

Ése ha sido mi gran objetivo desde que empezó septiembre. He descubierto un súper-vegano-súper-sano, Moon Food, (sin gluten, sin lactosa, todo orgánico y cocinado a 40 grados, o como diría la otra M, donde no se come nada que haga sombra), del que salí gratamente sorprendida: por su variedad de platos, por lo ricos que estaban todos y por su local, puro diseño. Me he reencontrado con viejos conocidos tomando un café en un día de lluvia y viento en Prelude, una pequeña cafetería conocida por sus cookies enormes. He celebrado el amor en Little Tokyo, un japo a la bruxellois, donde todos los camareros llevan un pelo a lo afro chulísimo. Os dejo en breve estas nuevas direcciones en el mapa de Ladydinner.

Los mercados, mercadillos y brocantes varios son otra parte de mi felicidad semanal. Ya os hablé del mercado de Chatelain, donde la otra M y yo comemos todos los miércoles, como un ritual, sopa thai y curri, y al que vuelvo por las tardes con Martina a comprar flores. Ella siempre dice que quiere flores verdes. El Brussels Design Market, que se celebra dos veces al año y, donde me he comprado un butaca danesa que se me iba totalmente de presupuesto. Y tengo una buena lista de lugares donde encontrar tesoros los domingos que pronto empezaré a explorar, como Waterloo o Tongres.

Al final, como me dijo una amiga hace unos días, se trata de encontrar esas cosas para otros insignificantes que a nosotros nos hacen inmensamente felices. 

2 comentarios:

  1. 1. Dudo que sea la única que lee tu blog
    2. Escribes de esa manera distendida, informal y buena que yo y otra mucha gente envidiamos.
    3. No se si me alegro o te mataré por darle publicidad a una barbacoa que para mí era un "ni contigo ni sin ti" pero que finalmente ha dado tanto de qué hablar.
    4. Me alegro de que haber compartido contigo parte de tus planes de rentrée (así no ha sido tan dura)
    5. Me quedo con tu moraleja que no está mal recordarla de vez en cuando.
    Enhorabuena por tu post amiga :)

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    1. Tatuémonos la moraleja, amiga, porque ya sabes que estoy convencida de que a partir de ahora todo van a ser planes geniales y vasos rebosantes con los que brindar! :)

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