Verdes de pega

Refugio para un recuerdo


Este post va dedicado a la única persona que conozco que se cargó un cactus por sobreprotección. El otro día me dijo que no tenía “ninguna posibilidad de tener una casa cool de esas de Pinterest” porque lo suyo no es la jardinería. Me comentó la opción de poner plantas artificiales de plástico y a mí instintivamente me chirriaron los dientes. A todas las (mal) llamadas “interior design bloggers” que recomiendan plantitas hechas con petróleo: ME-NIE-GO.

Gracias a esa conversación me acordé de dos verdes de pega que sí que introduciría yo con mucho gusto en mi casa: los trabajos de Alexandra Kehayoglou y Alexia de Ville.

La primera es una artesana argentina que crea unas alfombras e instalaciones textiles de ensueño. Algo así como jardines para el salón inspirados en los paisajes de la Patagonia. Kehayoglou proviene de una familia con larga tradición textil. Sus padres poseen la principal compañía del sector en Sudamérica y sus abuelos, inmigrantes griegos, se dedicaban a la elaboración de alfombras otomanas.











Alexandra Kehayoglou colaboró con el belga Dries van Noten en la presentación de su colección de primavera-verano 2015, forrando toda la pasarela de una alfombra gigante por la que las modelos se paseaban lánguidamente cual deidades. Su trabajo ha sido calificado como obras de arte.  Ante esto, ella subraya la diferencia positiva con otras disciplinas ya que “las alfombras son para usar. El espectador interactúa con la obra y ésta termina siendo con el espectador”. Y recuerda cómo la gente no queda intimidado ante una alfombra, sino que se sienta en ellas, las toca, las siente… Algo que, quizá, no se da ante un lienzo o una escultura.

Por su parte, Alexia de Ville es la joven artista belga que se esconde detrás de la firma gráfica Tenue de Ville (algo así como el smart casual de las invitaciones a cócteles). Los diseños de su última colección de papeles de pared, Ode, son precisamente eso, poemas románticos vegetales de gran escala, dispuestos a hacernos soñar con los más exóticos paraísos sin salir de nuestras cuatro paredes. 



Papeles con motivos orgánicos hay muchos pero me gusta como estos juegan a engañar a nuestra vista, simulando mezclarse con la decoración y adentrarse, de verdad, en el salón. Una ventana al mundo exterior que, según De Ville, se inspira en los frescos del renacimiento, al igual que la paleta de colores, delicada y vintage.

No me digáis que estas dos propuestas de verde, tan distintas entre ellas, no son mucho más inspiradoras que las plantitas de plástico. Y, sin embargo, como ellas, tampoco necesitan riego.

Todas las imágenes son de Alexandra Kehayoglou y Tenue de Ville

Si me mudara hoy

El baño-jungla de Anna Potter en  Design Sponge 
Varios de mis amigos se acaban de cambiar de casa y algunos me han pedido consejo sobre qué comprar, cómo decorarla. Yo no soy para nada una experta, imagino que se fían de mi criterio. Así que se me ocurrió hacer un post con todas esas cosas en las que me gustaría invertir si tuviera que empezar de nuevo.

La premisa básica es no comprar por comprar. Parece una perogrullada, pero no lo es. Sí, una cama es algo urgente, pero quizá puedes ver la tele en el somier que compres antes de hacerte con un sofá insulso o utilizar una caja de la mudanza como mesa de centro. El objetivo es que, dentro de seis meses, no te estés preguntando porqué cargaste con aquel mamotreto que odias por muy práctico que sea. Yo soy cero práctica, lo reconozco.

Y con esto bien clarito, aquí va la lista de la compra de mi hipotética nueva casa:

Imagen vía Fastighetsbyran
-Algo de color. Estoy ya saturada de tanta casa nórdica y tan blanca que parece que no vive nadie. Últimamente lo veo todo en amarillo, uno oscuro y enérgico, casi mostaza, del que elegiría el sofá del salón o –una idea loca que me ronda desde primavera- pintaría las tuberías a la vista del cuarto de baño. Otra opción que me encanta es dividir la pared en dos colores, aunque aquí dependemos mucho de la manga ancha que nos dé el casero.

-Unas sillas Cesca de Marcel Breuer para el comedor, preferiblemente sin brazos y el borde pintado de negro. Su forma en S me parece sumamente distinguida, pero a la vez es discreta y humilde, en la que no da miedo sentarse porque la vayas a manchar o a romper, y de la que nunca te vas a cansar.

-Unas baldas o unas estanterías colgadas tipo String –aunque no necesariamente esa-. Son una solución ideal para casas pequeñas porque no dan sensación de quitar demasiado espacio y en ellas puedes colocar desde las tazas del desayuno a la vista, tus libros favoritos o esos pequeños tesoros que todos guardamos.

En esto de acumular tesoros, el diseñador John Derian es todo un experto. Via The Selvy
-Y de eso va mi siguiente punto y casi el más importante, de tesoros inservibles sin los que no podemos vivir. De aquel fósil que recogiste de niño, de esas flores que secaste y sólo tú sabes porqué, del pájaro de porcelana que tu novio rescató para ti en un brocante, de aquella polaroid en la que duermes en brazos de tu padre. ¿Quién dijo que eran criaderos de polvo? Honremos a nuestra propia historia y llenemos cada rincón de casa de esos momentos en los que hemos sido felices.




-Artesanía, productos fabricados por las manos imperfectas de alguien de principio a fin. Imposible de encontrar dos iguales, con su pequeña historia detrás, un lujo con el que celebrar la rutina. Me quedo con la delicada cerámica de la portuguesa Margarida Fernandes o los tapices de macramé para la pared de Ran Ran Design.

-Y mucho verde. Plantas por todos lados, desde la cocina al baño, pasando por el salón y todas las habitaciones. Grandes, pequeñas, locas y desbaratadas. Las plantas dan mucha más calidez a una casa que ninguna manta por primorosa que sea. Hacedme caso. Luego vendrá el problema de a quién pedirle que nos riegue el vergel en agosto, pero bueno, nadie dijo que esto de la decoración fuera fácil.

Las sillas Cesca en casa de Annett Kuhlmann, en Freude von Freunden


La String, vía Interior Junkie
Izda., la anterior casa de Aurelie Lecuyer. Dcha., imagen vía Sugar and Charm.
La maravillosa cerámica de Margarida Fernandes