How to be Belgian wherever you are (III). Los tres últimos imprescindibles del armario de las bruxelloises

Imagen vía Death by Elocution


En este mundo tan hipercomunicado y cada vez más homogéneo, identificar una manera de vestir propia de un país o de una ciudad es bastante complicado. Sobre todo si se trata de una ciudad como Bruselas, cuya naturaleza es precisamente ser punto de encuentro de gente variopinta de todos los sitios. Cuando Raquel, de GT Fashion Diary, me preguntó sobre este tema hace más de un año me resultó difícil dar una opinión sobre si las bruxelloises tienen o no un estilo propio. Hoy sigo sin tenerlo claro pero este otoño-invierno desde luego ellas parecen haberse puesto de acuerdo sobre los tres básicos que meter en el armario:

-El abrigo batín. Corto a la cadera, hasta la rodilla o extralargo. Y en cámel, gris oscuro o perla, negro, verde. Las opciones son muchas pero la pauta es para todas la misma: cinturón siempre. Las bruxelloises han proclamado a este súper clásico como el abrigo de la temporada y no hay estilosa que no se paseé por el adoquinado belga con él, tanto si va de casual como más formal. 

Hace como cinco inviernos, cuando las revistas de moda elogiaban el aire setentas del abrigo batín de Max Mara, decidí tirarme a la piscina y comprarme uno. Pero el mío no era de Max Mara y no me quedaba como a la piernilarga del anuncio así que me resigné y asumí que sería la prenda menos amortizada de la historia de mi armario. Y, mira por donde, nos hemos reencontrado años después con el amor del primer día.

Imágenes de Damoye Shop y Audrey Lombard

-Punto oversize. Aunque ya os digo que el abrigo batín es el rey, es cierto que este no hizo acto de presencia hasta bien entrado diciembre (porque sí, a la gris Bruselas también llega el efecto invernadero y el otoño ha sido inusualmente caluroso). Hasta entonces, ni gabardinas, ni perfectos de piel, ni abrigos ligeros. Todo eran capa sobre capa y, coronando, chaquetas de punto grueso en amoroso mohair. De mangas anchas, hombros caídos y un corte recto un tanto desestructurado. Un rollo tirado -que no dejado- fácil y favorecedor.

-Tobillos al aire. Esta tendencia más o menos generalizada en todos lados en primavera ha marcado increíblemente el calzado de las bruxelloises que, llegado el invierno, siguen negándose a llevar botas de ningún tipo ya estemos a quince grados o a menos dos y cayendo chuzos de punta. Alguna, como mucho, se dejará ver con un botín tobillero (y también enseñando un pelín de carne) pero la mayoría se han rendido a los zapatos masculinos de suela gruesa o las deportivas blancas (las Stand Smith, que son una verdadera plaga desde el año pasado, pero también las Vans o las Veja). En cuestión de climatología, nadie duda de que las belgas tienen la piel bien curtida, así que de calcetines ni hablamos.

Imágenes de pinterest aquí y aquí


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